Los riñones son los órganos más esperados para trasplantes. Y mientras esa espera (que suele ser angustiante) se prolonga, los pacientes tiene que ser sometidos a diálisis, es decir, un tratamiento de filtrado que suple al riñón y que elimina los desechos y el líquido extra. Si la falla renal es severa, sin ese tratamiento los pacientes se mueren. “En Tucumán hay 177 adultos esperando un riñón, y nueve menores de 14 años”, resaltó Aldo Bunader, director del Centro Único Coordinador de Ablación e Implante de Tucumán.

En estos días, un estudio realizado por profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati (UC) en Estados Unidos, dirigido por Mark Eckman , director de la División de Medicina Interna General de la UC, y publicado en “American Journal of Kidney Diseases”, mostró que usar riñones de donantes infectados con el virus de la hepatitis C (VHC) permite reducir los tiempos de espera para el trasplante del órgano, mejorar la calidad de vida y prolongar la esperanza de vida en los pacientes renales. Y la hepatitis C se puede curar.

“Las listas de espera siguen creciendo, y por eso son más que bienvenidos estos donantes, que llamamos marginales, porque no pueden ayudar a todo el que necesita un órgano, pero sí a muchos, especialmente los más mayores. Por ejemplo, a las personas que llevan 10 años de diálisis”, explicó Bunader. y añadió: “donantes marginales pueden ser no sólo personas con VHC, o con algunos tipos de tumores; también quienes viven con hepatitis B, o con VIH (con más razón si se encuentra indetectable)”. Esto es así porque si bien es cierto que no hay cura para el VIH, hay disponibles tratamientos que permiten expectativas de vida iguales a las de las personas sin VIH.

La investigación

El estudio dirigido por Eckman demostró que trasplantar riñones de donantes infectados con VHC en pacientes sometidos a diálisis no infectados, que después serán tratados de la infección, puede reducir el 61 % el tiempo de espera promedio.

“Esto es importante porque los pacientes en diálisis corren un riesgo mucho mayor de morir cada año”, señaló Eckman y explicó que los pacientes en diálisis enfrentan una tasa de mortalidad de hasta un 15% anual, mientras que la tasa de mortalidad para pacientes que se benefician de un trasplante de riñón es del 2% anual.

Los resultados han indicado que los pacientes que recibieron trasplantes con un riñón infectado de VHC ganaron casi 10 meses en esperanza de vida, en comparación con los que esperaron más tiempo para el trasplante con un riñón no infectado con VHC.

“Una gran parte de la mortalidad asociada con la diálisis se debe a eventos cardiovasculares, algunos de los cuales pueden estar relacionados con los cambios de volumen, los cambios en la presión arterial y los cambios en los electrolitos que acompañan a la diálisis -alertó Eckman-. “Si podemos acortar la cantidad de tiempo que los pacientes necesitan para vivir con hemodiálisis, la supervivencia puede mejorar”.

Costos

Los datos arrojados por los números de la economía muestran otras ventajas de esta práctica: un paciente se ahorra unos 38.000 dólares cuando acepta un rinón afectado con el VHC y luego recibe el tratamiento para la hepatitis C, frente a esperar un riñón no infectado y continuar con la diálisis en el proceso. Y, no hay que olvidar, en la actualidad es posible curar la hepatitis C a través de un nuevo régimen de tratamiento de 12 semanas.

El tratamiento (como el del VIH) está disponible en la Argentina y es cubierto por el sistema de salud.